En los últimos años, ha habido mucha discusión sobre la inclusión de ejercicios de investigación en la práctica docente y los beneficios potenciales de su implementación. Como primer punto a mencionar, si un docente adopta una actitud investigadora en su trabajo en el aula, las conclusiones que extrae de sus observaciones y recopilación de datos le permiten identificar áreas donde sus estrategias de enseñanza necesitan mejorar y realizar los cambios necesarios, realizar correcciones, que inciden positivamente en las metas de aprendizaje de los estudiantes y crean un autodesarrollo profesional.
Por otra parte, utilizando la investigación como
herramienta metódica en el aula, se pueden acercar las reflexiones
teóricas a los intereses o temas de interés de los estudiantes, lo que repercutirá
positivamente en
su motivación e interés para aprender y el uso de los contenidos. En el camino, lo
ayudará a comprender la complejidad de los temas estudiados, identificar las
fortalezas y debilidades de diferentes paradigmas y aplicar estos conceptos en
ejercicios prácticos. Es fundamental porque la dicotomía de la teoría y la
práctica como dos
componentes aislados debe reducirse para dar importancia a la información que se brinda en el aula y a los
estudiantes en el proceso educativo para prepararlos para el trabajo profesional y
globalizado.

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